Mapa de Valle Musgo

Aquí tenéis el mapa (¡al fin!) de Tras los pasos de Vuluma, la primera novela de la trilogía La Ciudad Maldita. Llega un poco tarde para los que ya habéis comprado la novela por amazon, pues no estaba incluído hasta ahora, pero al menos podéis descargarlo desde aquí. Lo he podido hacer con tremenda facilidad con el programa Incarnate

Mapa Valle Musgo color

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Citas Bakunin y Durruti (imágenes)

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El cetro de Moctezuma – elige tu propia aventura

Historia publicada originalmente en Sttorybox

Primero os dejo un resumen de los hechos reales en los que está inspirada esta pequeña narración interactiva: el primer asalto pirata de consideración en América. El siguiente texto está extraído del libro “LOS HERMANOS DE LA COSTA. Piratería libertaria en el caribe” de Bernardo Fuster:

“Todo ocurrió en 1523. Florín estaba navegando por aguas americanas, en concreto por la Isla Tercera de Jamaica. Cortés acaba de saquear el palacio de Moctezuma. Tal y como lo cuenta Bernal en sus crónicas, Cortés se llevó joyas, oro, plata y el penacho y cetro del gobernante azteca.  Envía a Carlos V el botín obtenido, pero como viene haciendo desde un principio, el conquistador miente al monarca al ocultarle que ha fletado dos navíos más en los que manda a su familia una parte de las mercancías robadas.” … “Cortés puso al mando de esos navíos clandestinos a dos avezados pilotos: Quiñones y Ávila. Estos marinos parten de Veracruz y en vez de emprender viaje directo, como van por libre, hacen escala en la Isla Tercera de Jamaica, para gozar de una noche loca con las nativas, justo en la misma taberna en la que está Florín. Allí se emborrachan y se les va la lengua, presumiendo de la carga que llevan a bordo. Quiñones muere al amanecer de una puñalada que le da una prostituta y Ávila emprende el viaje en solitario.” … “Tras sacar los datos necesarios (Fleury, o Florín) sigue a Ávila y sus dos barcos y los asalta el 20 de diciembre de 1522 cerca del Cabo de San Vicente. Junto a los cuantiosísimos tesoros, entre los que se encuentra el famoso penacho de Moctezuma, Florín encuentra algo tan valioso o más si cabe, que todo el oro y la plata: consigue cantidad de planos marinos y terrestres de la zona, rutas de navegación e información hasta entonces desconocida en Europa.” … “La fama de las riquezas se extendió por toda Francia y el rey permitió a Florín volver a atacar a los españoles. La insistencia le cuesta cara, al ser apresado por corsarios vasco-españoles, al mando de Martín Perez de Irízar, que recibe a cambio un título nobiliario. La captura se produjo en las cercanías de las Islas Canarias. De allí fue trasladado a Cádiz, a pesar de que intentó comprar con parte de su fortuna al corsario que le había capturado. Tras ser juzgado en la Casa de Contrataciones de Sevilla fue ahorcado en Colmenar de Arenas. El ejemplo de Florín alimenta los rumores. Las noticias inconcretas, las leyendas y las presunciones pasan de golpe a ser realidades. Un escalofrío recorre palacios y tabernas. Ya no se trata de un sueño. Los mapas confirman todas las suposiciones. Se levanta la veda.”

 

 

El cetro de Moctezuma – elige tu propia aventura

 

-¡Ésto es un meadero de dromedarios! -dijo Fran al asomar la cabeza en el tugurio del callejón del gato, donde yo, Lázaro Gaylo, capitán del Rosaura, y cuatro de mis hombres, nos encontrábamos borrachos y olvidados de nuestra misión, en uno de los barrios más oscuros, misteriosos, intrincados, navajeros, malolientes y, por qué no decirlo, pintorescos de la vieja Habana. Fran había servido un par de años de alguacil en Argel y sabía lo que se hablaba, pero era un bocazas.
-Calla pisha, que la doña zabe eppañol -le dijo Paco el sevillano.
A pesar de sus palabras Paco solía ser el más canalla y faltón de la tripulación, y al decirlo tenía una sonrisa pícara.
-Que si tíos, que aquí solo hay putas que huelen a mierda de dromedario -dijo Fran animado por la sonrisa de Paco, y sus palabras se congelaron ante el brillo súbito de cuatro puñales en manos de cuatro mulatos de anchas espaldas y mirada sombría.

El impagable adiestramiento que da haber servido a las órdenes de  Hernán Cortés en la reciente campaña de Méjico, que llevó a la destrucción del imperio azteca, hicieron que rápidamente surgieran órdenes escuetas y precisas de mi imperial garganta.
-Fran, aquí- grité al que estaba más alejado- Torrens, desenfunda –grité a nuestro mejor espadachín, aunque ahora estuviera con dos vinos de más- Gómez, cubre la retaguardia –dije al que estaba más borracho para que no estorbara.
Rápidamente la compañía compuso la primera y clásica posición defensiva de los tercios españoles, un círculo como un puercoespín, erizado de floretes amenazantes. Cuando los bandidos, superiores en número y volumen de músculos por mayoría aplastante, se acercaron lo suficiente con sus machetes y puñales, inesperadamente y quizá por culpa del alcohol, Fran, el imbécil ex alguacil que había iniciado la pelea, soltó una rápida patada a los testículos del más grande y cercano de ellos, alcanzándolo de lleno. Mientras el negro soltaba un aullido de dolor aterrorizado y se derrumbaba con las manos en la entrepierna, enardecido por tal acto de heroísmo, grité:
-¡Santiago y cierra España!
Y avancé hacia el enemigo, pero mi resolución duró poco: mis hombres, sin avisarme, habían emprendido la segunda y también clásica maniobra defensiva española: la retirada táctica. Y mientras oía el eco de sus pasos perdiéndose en el callejón y un lejano “maricón er úrtimo” de la inconfundible voz de Paco el sevillano, los matones se reponían de la sorpresa y me rodeaban ocupando la puerta de salida. Retrocedí apoyando la espalda contra la pared de adobe del prostíbulo buscando en vano algún sitio donde poder huir.
La pelea fue breve. Lancé un par de estocadas y al menos una acarició la piel de uno de los bandidos, pero fue tan leve que la visión de la sangre solo consiguió enfuerecrle. Mientras estaba paralizado por el miedo de ver su cara endiablada y su lengua roja dentro de ese rostro totalmente negro, otro bandido por la espalda me golpeó con algo duro y pesado. En un instante me ví en el suelo. En dos perdí el conocimiento.
Lo recuperé poco después cuando me cayó un cubo de agua en la cara, y vi sobre mí a cinco, siete, doce cabezas que sonreían con malicia y se urgaban con afiladas puntas metálicas entre los dientes.
-Saquémosle las uñas con astillas, y hagamos que coma sus propios testículos -dijo una voz.
-Matémosle ya, pueden venir sus amigos -dijo otro.
-Llevémosle a la choza del manco, allí podremos jugar con él -dijo la primera voz, siniestramente infantil y suplicante.
-Creo que es de buena familia, podemos pedir oro por su rescate.
En tan desesperada situación, Lázaro Gaylo, o sea yo, reaccioné con una celeridad e inteligencia que sería merecedora de condecoración si no fuera por el contenido quizá poco digno de mis palabras.
-¡Oro, joyas, plata! ¡en el Rosaura! -repetí incesantemente, y una a una las bocas fueron escondiendo los brillantes dientes y las negras caras solo enseñaban, entre la penumbra del local, blancos ojos que me observaban callados y brillantes.
-¡Dejad al caballego que se esplique! -pidió una voz con acento francés.
Dos manos me alzaron como a una pluma y me sentaron de un empujón en un banco. Una jarra apareció debajo de mis narices y frente a mí se sentó la persona más elegante que viera en un suburbio tal. Sombrero emplumado, bigote de puntas enrolladas y altivas, perilla recortada, guantes de seda y un aliento dulzón que me decía:
-Pergdone la mala educación de mis amiggos, mesiée. Soy Fleury, y siento ggan integés en el Gosauga y su pggeciosa cagga.
-¿Lo qué? -dije confuso por tantas egges.
-¡Su oggo, pagdiez! -gritó perdiendo la paciencia, y así entendí lo que era obvio: mi vida valía tanto como las posibilidades de conseguir ese oro para los bandidos y para ese gabacho de aliento perfumado y mirada altiva.

Quiñones, capitán del balandro Nuestra Señora del Bendito y Santísimo Sepulcro Sagrado de Jerusalén (de aquí en adelante, NSBSSSJ), navío de pequeño calado bautizado por él mismo, pasea cada vez más inquieto por la cubierta del barco, mirando a la entrada del puerto donde deberían aparecer los hombres del Rosaura, y al cielo donde empieza a clarear la negrura.
Después del saqueo del palacio de Moctezuma, Hernán Cortés les había dado una misión clara: llevar a su familia en España una pequeña parte del tesoro de Moctezuma. Les había hecho entrega de dos veloces balandros y de permisos de comercio para que pasaran desapercibidos a las autoridades reales, y les había ordenado la máxima celeridad y secreto. Sin embargo el gran comandante había cometido un error: nombrar jefe de la expedición al capitán equivocado, a Lázaro Gaylo. Sin duda era un valiente y un gran espadachín, Quiñones no se atrevería a negarlo, pero era un vicioso y había ordenado hacer una parada técnica en la Habana. La excusa era el abastecimiento de limones para evitar el escorbuto; el motivo real: la putas y el alcohol. Quiñones había ordenado a sus marinos que no acompañaran a los del Rosaura en la salida nocturna y ahora esperaba cada vez más inquieto su vuelta, cuando vio aparecer a un grupo de tambaleantes figuras con las espadas desenfundadas por la entrada del malecón, mirando constantemente hacia atrás. Hizo una compulsiva señal en el aire para espantar la mala suerte y bajó al muelle. Allí llegaron corriendo los hombres del Rosaura, hablándole todos a la vez.
-¿Entonces Lázaro se quedó allí? –preguntó una vez hubieron acabado su explicación.
-Sí señor, rodeado de bandidos, florete en mano.
-Debemos partir, entonces. En estos momentos debe estar negociando con San Pedro su entrada al cielo, o sufriendo los latigazos de lucifer, quién sabe. Debemos zarpar cuanto antes, no sea que las autoridades se enteren de la reyerta, empiecen los interrogatorios y descubran el cargamento. ¡Francisco Gómez! –dijo señalando al ex alguacil, el que menos pinta de canalla tenía de los hombres de Lázaro, sin saber que había sido el causante de todos los problemas-. Te nombro capitán del Rosaura. Id a bordo, izad las velas y pongamos agua de por medio.
Fran, Paco el sevillano y los demás tripulantes subieron al otro balandro a la carrera. Quiñones se santiguó repetidas veces, escupió por babor y tocó madera por estribor, gravemente inquieto por el giro de los acontecimientos. Mientras, sus hombres desplegaron velas, soltaron cabos y el NSBSSSJ se separó del muelle entre crujidos y susurros, pasando desparecibido a los adormilados guardias reales.
Los dos balandros abandonaron la Habana mientras el cielo se inundaba de claridad, el día del señor del 11 de noviembre de 1522. Cuando los balandros salieron del puerto, un bergantín de construcción francesa abandonaba los muelles y se deslizaba como felino tras ellos, surcando silencioso las olas y la bruma del amanecer.

ELIGE TU PROPIA AVENTURA

Eres Lázaro Gaylo, capitán del Rosaura y ahora preso en el bergantín del corsario Fleury, o Florín, como le conocen los españoles. Te encuentras en el castillo de proa junto al pérfido francés, que mira con su catalejo los dos balandros capitaneados por tu compañero el capitán Quiñones. Abatido, deseas con todas tus fuerzas que la presa se dé cuenta de que está siendo acechada, pero Florín se mantiene a prudente distancia y es solo un barco más entre el movimiento constante de navíos en los alrededores de la capital española de la Habana. Las velas del bergantín pirata están hinchadas sin formar arrugas y si miras al casco ves como surca las olas a por lo menos quince nudos. Fleury ha ordenado recoger velas para no adelantar a los balandros, que con este viento son mucho menos rápidos que el barco pirata. Son una presa fácil, piensas, y si no fuera por lo peligroso que es atacar cerca del puerto de la Habana, donde hay un tráfico constante de navíos militares imperiales, Florín hacía tiempo que ya los hubiera asaltado.
Oyes cómo a tu lado el corsario maldice en francés y contienes tu alegría al observar cómo se ven reflejos desde el balandro de Quiñones. Ves su figura en la popa contemplándoos con su catalejo, y observas complacido cómo los dos pequeños veleros cambian de rumbo. Florín maldice y golpea con furia la baranda de madera. Luego se gira hacia tí con la vena de la frente hinchada y palpitante bajo su peluca empolvada. Inconscientemente tragas saliva.
-Pagese que su amigo el capitán Quiñones sospecha de nosotgos. Si cambiamos de gumbo y les seguimos se sepagagán y huigán, y sólo podgemos captugag uno de los dos. Bien, mi quegido amigo Lasagoo, si nos ayudas a captugag los balandgos y hasegnos con el tesogo, pgometo que te dejagemos libge, sin ningún daño. ¿Aoga dime, donde os digigíais? ¿Cuál es el siguiente puegto en vuestga guta de navegasión?

QUÉ HACES
-Si le dices la verdad, que se dirigen a San Juan, pasa a la parte 3.
-Si le mientes y le dices que navegan hacia Santiago, sigue leyendo.
-Si le escupes a la cara y le llamas sucio corsario, para a la parte 2.

-1-

Navegáis durante días hacia Santiago. Los corsarios, animados por una brisa consante y la expectativa de apoderarse del tesoro, cantan animadas canciones con melodioso acento francés en cubierta. Te encierran en un camarote y se olvidan de tí. ¿Pero qué pasará cuando se den cuenta de que les has engañado? Miras el mar caribe con melancolía y te prometes vender cara tu vida. Al menos has salvado el tesoro del Comandante Hernán Cortés. Probablemente Quiñones con los dos balandros ya estén viajando mar adentro camino de Europa, cuando la voz del vigía de la cofa anuncia tierra. Divisáis la isla de Cuba, y tras unas horas navegando cerca de la costa descubres Santiago. Fleury ordena acercarse y echar el ancla a prudente distancia del puerto. Sin duda está intentando descubrir los dos balandros con el tesoro entre los barcos atracados. Calculas que, gracias a tu complexión delgada, quizá podrías salir por la estrecha claraboya, y ahora puedes llegar nadando a la costa, aunque si te descubren desde cubierta te volverán a capturar. Por otro lado el marinero que viene a traerte la comida siempre entra solo y no se preocupa de ti, a veces ni siquiera viene armado.

QUÉ HACES
-Si atacas al guardia cuando entre, ve a la parte 4.
-Si intentas huir por la claraboya, ve a la parte 5.

-2-

Cinco minutos después de haber escupido a la cara de Fleury te encuentras atado a dos largos cabos, uno en cada mano. Los marineros te rodean entre aullidos sádicos y divertidos y todo tú estás cuajado de escupitajos, como almendro en primavera. Pero sientes que tu honor está intacto.
-Os enseñaré como muere un hidalgo castellano.
-Nos enseñagás como muege un imbécil. ¡Pasadlo pog la quilla!
Los piratas te arrojan al agua y tensan las cuerdas. Coges aire en la caída y cuando estás sumergido te golpeas varias veces con la quilla del barco, que avanza lentamente sobre tí. Intentas en vano desatarte, pero los nudos marineros te aferran con firmeza por cada lado y te mantienen bajo el barco. Sabes que hay personas que han aguantado la respiración lo suficiente para sobrevivir a esto, pero sientes que tus pulmones van a estallar…

FIN

-3-

Gracias a tu información Fleury navega a toda vela hasta San Juan, y espera atracado en una bahía hasta que los dos balandros aparezcan. Cuando Fleury ve que los barcos se acercan al puerto ves que se alegra enormemente. Aprovechas el momento y te acercas a él.
-Honorable capitán Fleury, como veis yo he cumplido mi palabra. Ahora cumplid vos la vuestra y liberadme, os lo suplico.
-Mi quegido Lasago, soy un hombge de honog y le libegagé, pego no ahoga. Disculpadme si pienso que ha colabogado con nosotgos pog miedo. ¿Cómo sé que cuando esté en San Juan no alegtagá a las autogidades españolas de nuestga pgesensia?
-Yo le doy mi palabra…- te apresuras a decir, pero Fleury te interrumpe.
-Lo siento, quegido amigo, pego nos acompañagá hasta que tengamos el ogo. Tiene mi palabga de que le dejagemos libge.
Pasan dos días mientras los piratas esperan que los balandros vuelvan a salir del puerto, y siempre estás buscando oportunidades para fugarte, pero el marinero encargado de vigilarte no te quita ojo, y cuando estás encerrado en el camarote la fuga es imposible.
Los balandros salen del puerto y Fleury reanuda la persecución, y en cuanto estáis lejos de San Juan, navegando entre innumerables islas desiertas y apartados de la civilización, Fleury lanza la orden:
-¡Fuego a las velas del balandgo mas cegcano!
Una salva de bolas encadenadas, ideales para rasgar las velas y ralentizar la marcha, vuela desde el bergantín pirata, pero cae baja. No rasga las velas pero barre la cubierta del Rosaura, segando muchas vidas. Los balandros se apresuran a huír pero Fleury se acerca a buena velocidad. Ves la figura de Quiñones contemplándoos desde popa y te ocultas detrás del palo mayor: si te viera pensaría que eres un traidor, y nada más lejos de la realidad… Como el bergantín pirata se les echa encima, Quiñones se adentra en una zona de arrecifes y se dirige a una isla. Feury ordena virar para no romper el casco de su navío, de mucho mayor calado. Lanza maldiciones con los ojos inyectados en sangre y golpea la baranda de madera de tal modo que te alegras de no entender francés. Ordena disparar una nueva tanda de metralla y acierta de lleno en los dos balandros que están encallados en la arena de una pequeña cala. Los piratas lanzan maldiciones mientras ven como los españoles huyen de los dos pequeños veleros hacia la selva cargando pesados bultos.
-¡No os pgeocupéis! Hundigemos a cañonazos los velegos desde aquí, y así estagán atgapados en la isla. ¡Son nuestgos!
Con varias andanadas el barco pirata, con toda la vela recogida y el ancla echada, se dedica a agujerear a cañonazos los dos veleros varados en la cala tras los arrecifes, hasta que los cascos estas completamente destrozados. Los españoles están sin embargo a salvo, y sabéis que han descargado decenas de pesados baúles a tierra…
Al caer la noche Fleury te hace llamar. Cuando entras en su camarote notas inmediatamente que está borracho. Mientras un marinero os sirve la cena, Fleury te habla de su familia en Francia, de su negocio de armador heredado de su padre, de lo marinero que es su barco, de lo solo que se siente a bordo, de cómo le desprecian sus hombres por no haberse hecho aun con el oro de Hernán Cortés, y después se pone a decir palabras inineteligibles con la barba casi metida en el vaso de vino y la empolvada peluca caída hacia un lado. Casi despierta ternura en tí cuando con los ojos vidriosos te regala una botella de vino y te promete, no solo que te liberará, sino que te dará una parte del botín, como a cualquier otro marinero. Cuando el pirata que te vigila acude, Fleury le dice que no te lleve al camarote, que te deje libre por el barco.
-Pero capitán, podría escaparse.
-¿Aquí, junto a una isla desiegta? Ni siquiega podgía llegag a la costa nadando pog los aggecifes, ¡hip!
Durante unas horas el marinero no te pierde de vista mientras tu paseas por cubierta o comes galletas mohosas. Cuando finalmente se duerme te asomas por la borda, pero no te atreves a lanzarte al agua: la luz de la luna ilumina las olas que golpean las afiladas rocas y corales del arrecife. Si intentaras nadar a la isla de noche te destrozarías antes de llegar. Finalmente el efecto del vino te termina de adormecer y te duermes tras una larga soga enrollada…
Y te despiertas oyendo murmullos inquietantes. Tras el montón de soga que te oculta oyes a innumerables voces que susurran palabras cargadas de violencia. ¡Un grupo de piratas, enfadados con Fleury por no haber conseguido aún el tesoro, planean un motín! Oyes que deciden bajar a la santabárbara a apoderarse de las armas, y cuando se han ido te levantas de un salto. Corres hacia el camarote de Fleury. Por el camino encuentras un pirata dormido y le robas el sable. Llegas a la puerta del camarote en un instante y la abres de un golpe. El honorable Fleury se incorpora en su camastro con un gorrito de pijama con borla en la punta, completamente atónito.

QUÉ HACES
-Si le adviertes de que se prepara un motín contra él, ve a la parte 8.
-Si le atacas gritando “¡abajo el capitán!”, pasa a la parte 6.

-4-

Al oír que se acerca el guardia te escondes detrás de la puerta y cuando está de espaldas le golpeas en la cabeza con un sextante. Robas la espada de su cuerpo inerte y subes las escaleras hacia cubierta. Intentas saltar al agua pero pronto te ves rodeado de piratas que te acorralan contra el castillo de popa. Apoyada la espalda contra la madera, te preparas para vender cara tu piel.
-¡Matémoslo! -grita Fleury desenfundando con furia.
Consigues herir a un par de marineros pero finalmente las estocadas que te lanzan desde la distancia te provocan heridas superficiales que te debilitan. Finalmente la punta del florete
de Fleury te alcanza en la muñeca y dejas caer tu arma. Lanzas una última mirada al océano brillante antes de que la vida se te escape a borbotones por las heridas…

FIN

-5-

Miras por la claraboya y no puedes creer en tu suerte: un pequeño pesquero a la deriva se acerca hacia el velero. La barquichuela tiene un palo y una vela recogida y el pescador está sentado con las piernas colgando hacia la playa, sin darse cuenta de que cada vez flota más cerca del bergantín. Primero pasas un brazo para no atascarte por los hombros y después pasas la cabeza, sintiendo que te arrancas las orejas. Cuando crees que te vas a quedar atascado, aciertas a encajar tu pie en el armario del camarote y te impulsas lo suficiente como para cruzar la estrecha claraboya. El palo del pequeño pesquero pasa junto a tí, de modo que te agarras a él y te dejas deslizar suavemente a cubierta de la barca. El pescador, un colono pobre que debe rondar la cincuentena, debe haberte oído posarte porque se gira y te mira asombrado.
-Ehh… ¿me podría llevar a puerto por favor?

Cuatro meses después estás en el despacho de Hernán Cortés, recibiendo una dura reprimenda. El gran capitán da vueltas por la habitación como fiera enjaulada y se atusa la espesa barba con furia. Sabes que cuando se pone así puede ser terrible.
-¡Cómo se te ocurrió contarle todo a esos ladrones de la Habana!
-Señor, mi vida corría peligro, pero luego les despisté…
De repente se detiene ante tí y te mira fijamente. Su mirada parece más sosegada, pero no puedes evitar tragar saliva.
-Está bien, los dos barcos llegaron finalmente a puerto. Escúchame bien, no puedo permitir que sigas sirviendo en mi tropa, porque mis hombres pensarían que cualquier error es perdonado. Sin embargo sé que me has servido fielmente. Recibirás tres pagas como despedida.
-Sí señor. Gracias señor. Ha sido un placer servirle, señor.
Hernán Cortés te hace un gesto vago de despedida y se sienta a su mesa ordenando papeles.
Sales de allí maldiciendo la vida de soldado. Recibirás al menos setecientos escudos, pero ese dinero pronto se acabará. ¿Deberás pensar en invertir el dinero en comprar una tierra y buscar una buena mujer en tu pueblo de la extremadura profunda? ¿O intentarás alistarte al tercio que se está organizando para partir hacia Flandes?
En cualquier caso eso ya es otra historia.

FIN

-6-

Te avalanzas sobre el capitán, y él, sin salirse de la cama te golpea con lo que tiene a mano: una botella de ron. El duro cristal te raja la boca y notas como varios dientes saltan de su sitio.
-¡Pag…diez! -balbucea Fleury cuando le atraviesas con tu espada.
Cuando los amotinados llegan al camarote y ven que has acabado con él te vitorean y te cogen en hombros por la cubierta.
-Ño ez dada -dices con modestia.
-Estábamos hartos de servir al rey de Francia -te dice el líder de los marineros-. Si firmaba la paz con España o Inglaterra no podíamos atacar sus navíos, y por supuesto nunca a los franceses. Además teníamos que entregar una quinta parte del botín a la corona. ¡Ahora seremos libres! -grita, y le corean aullidos entusiasmados-. Queremos que seas uno de nosotros -dice, y su mirada brilla de inteligencia-. Si nos resultas útil para engañar a los españoles, cuando dividamos el botín en montones iguales podrás escoger tú mismo el primero.
Rodeado de piratas no puedes menos que aceptar. Como aparece la primera claridad por el este todos se juntan en corro a beber entre canciones y a preparar la expedición a tierra. Están distraídos preparando sus espadas y mosquetes para la previsible pelea con los españoles y nadie te hace caso. Además ya no hay casi oleaje y empieza a haber luz como para llegar a la isla andando por los corales.

QUÉ HACES
-Si te fugas aprovechando el momento, pasa a la parte 10.
-Si ayudas a los piratas a apoderarse del tesoro, sigue leyendo.

-7-

-Oz ayudadé a conzeguid ed tezodo -dices, sabiendo que el oro te ayudará a pagar una dentadura nueva.
Bajas con los piratas a la isla y descubrís que los soldados españoles se han refugiado en uno de los balandros atracados en la orilla. Sería muy difícil tomarlo al asalto, de modo que apareces a la vista de los españoles. Todos te miran asombrados, y ves que Quiñones se santigua, toca madera y escupe varias veces pensando que eres un fantasma. Tú les dices por señas que te dejen subir, y finalmente salen de su asombro. En el momento en que te tienden la pasarela los piratas matan con disparos certeros a los que custodian la entrada, surgen aullando desde la vegetación y suben al asalto por la pasarela. Cuando tú accedes por la tabla al velero ya ha acabado la pelea y observas con horror los cuerpos de tus antiguos compañeros.
Unas horas después todo el tesoro está cargado en el velero pirata. Durante horas los piratas discuten y elaboran cuarenta y tres montones con objetos de igual valor, teóricamente, y después juegan a los dados a ver en qué posición les toca escoger montón. Pero los amotinados son fieles a su palabra y como puedes escoger el primero, eliges un solo objeto que vale más que cualquier otra parte de botín: el cetro de Moctezuma. Coges la vara de oro con incrustaciones de lapislázulis y amatistas, y haces cálculos mentales de lo que te darán por ella en España. Probablemente, sólo el diamante que corona el cetro te permitirá comprarte una mansión inmensa. ¡Eres rico!

FIN

-8-

Fleury muda su rostro y parece haber perdido su borrachera en un instante. Coge su florete y sale llamando a sus hombres a voces. Pronto los fieles al capitán se organizan en cubierta, y cierran el portón de la santabárbara dejando atrapados a los amotinados.
-¡Jaja! Están vencidos. No os pgeocupéis, mañana se gendigán pog hambge.
Efectivamente, al día siguiente los amotinados entregan sus armas y son encerrados con grilletes en la bodega. Ves que Fleury está radiante de felicidad esa mañana, mientras contempla cómo dan cien latigazos al líder de los amotinados. Tan feliz le ves que te atreves a acercarte a él y decirle:
-Perdone capitán, quisiera saber si al final me liberará, como me prometió.
Fleury te mira manteniendo la misma sonrisa macabra e inquietante con la que miraba los latigazos…
Cuando las barcas de piratas encallan en la playa te tiran al agua, y atado como vas con cadenas consigues a duras penas incorporarte sobre la espuma de las olas.
-Fleury siempge cumple con su palabga, ¡Eges libge, idiota! -dice golpeándote en la boca y rompiéndote varios dientes.
-Ezto no ez juzto -mascullas indignado.
-Y los demás -dice Fleury ignorándote-, vamos a buscag a esos espagnoles y su ogo. ¡Adelante!
Los fieles a Fleury ríen, te empujan y luego se internan en la isla. Corres en otra dirección a toda velocidad deseando encontrar a tus compañeros antes que los corsarios, y tu ropa se engancha en la vegetación tropical desgarrándola.

(sigue leyendo la siguiente parte )

-9-

Extraños pájaros cantan a tu alrededor y los últimos mosquitos de la noche zumban en tus oídos mientras avanzas sin rumbo por la isla, preguntándote cómo encontrar a tus compañeros. Al poco rato te sientes débil y agotado de correr. Finalmente entre las ramas de las palmeras ves que en el centro de la isla se eleva un cerro, y piensas que quizá desde allí podrás tener una visión general de la isla y con suerte averiguar dónde se han refugiado tus compañeros.
Muy cerca de la cumbre, en una zona de espesa vegetación topical, oyes ruido de paladas. Te acercas con cuidado y ves al grupo de supervivientes, unos veinte marineros, tapar con arena un gran agujero al pie de una gran piedra con forma extraña. Estás tan agotado que te acercas a ellos tambaleante, diciendo:
-¡Abigoz, zoy yo, Dázago, ayudadbe!
Quiñones se gira y te mira. Ves extrañado que se le desfigura la cara y se santigua, y luego, con cara de pánico grita:
-¡Un fantasma! ¡Es el fantasma de Lázaro!
Y echa a correr. Todos los demás te miran y le siguen aullando de terror por la selva. Mientras recuperas el aliento te miras las cadenas, los harapos y las heridas y entiendes que ha sido tu aspecto el que les ha asustado. Intentas seguirles corriendo pero están descansados, y cuando oyen que te acercas renuevan la huída con gritos de pavor.
Decides volver a subir y desde la cumbre del cerro oyes descargas de mosquetes y gritos de lucha, sin duda se han encontrado los dos grupos. Decides prudentemente no acercarte, tampoco podrías hacer mucho en el estado en que estás. Cuando se acaba el ruido de lucha y los loros vuelven tímidamente a graznar, bajas con cuidado a la selva. Encuentras el lugar de la pelea y ves sólo cadáveres de tus antiguos compañeros. El supersticioso Quiñones, Fran, Paco el sevillano… todos han muerto. Han luchado hasta la muerte, piensas con orgullo, y no se han dejado capturar. ¿Pero y los piratas? Durante dos días recorren la isla buscando el tesoro, y tú te ocultas entre las ramas de una alta palmera junto al lugar donde está enterrado el tesoro. Una vez pasan muy cerca de la piedra de forma extraña, pero no encuentran el tesoro. El tercer día montan en su barca y vuelven al velero. Les miras escondido desde la orilla, a tiempo para ver cómo la barca lleva a los últimos hombres a bordo del bergantín. Por un lado temes quedarte solo en la isla, pero sabes que si les llamas te matarán, o peor aún, te torturarán. Has visto un arroyo de agua y animales, y algún mosquete en el lugar de la batalla: podrás sobrevivir allí. Además, aunque estés solo en esta isla desierta, eres inmensamente rico…

FIN

-10-

Observas a tu alrededor y cuando nadie te mira te descuelgas por la borda hasta el agua. Buceas el primer tramo y cuando notas que tienes rocas debajo de ti avanzas apoyando los pies en el fondo. A pesar de no haber olas y de que avanzas con cuidado, te golpeas varias veces y raspas tus piernas y brazos contra las afiladas rocas. Cuando llegas a la playa las heridas te sangran y te duelen por la sal, y tu ropa está hecha jirones, pero no te han visto, y corres agachado hacia la espesa vegetación.

(sigue leyendo la parte anterior)

 

 

 

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Homenaje a Fernando Fernán Gómez

Inauguro la sección de vídeos con éste homenaje al gran actor, dramaturgo y escritor Fernando Fernán Gómez. Son básicamente extractos del documental-entrevista La silla de Fernando, editados con el programa Premiére (grandes posibilidades, aunque algo complejo).

Ojo a sus palabras sobre cómo antes de 1936 la gente sabía que la revolución estaba en marcha, y que los ricos preparaban un levantamiento militar para frenarla y mantener los privilegios. Algo muy diferente a la versión oficial de los libros de historia, donde la guerra del 36 se presenta, simplificada hasta el absurdo, como el enfrentamiento entre republicanos y nacionales.

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Tras los pasos de Vuluma. Trilogía de la Ciudad Maldita – 1

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Una devastadora plaga de langosta, sumada a una interminable sequía, provocan un éxodo masivo en la llanura de pueblos agricultores. Los abidankos viajan en agonizantes caravanas en busca de nuevas tierras.

Una parte de ellos huyen del hambre y la sed hacia Kelgaria, cordillera de dragones, un país montañoso habitado por tribus nómadas que desprecian la agricultura y la ganadería. Magilo, mercader especializado en escamas de dragón, huirá con su familia esperando ser acogido por sus salvajes amigos. Pero para que la tribu Búho les admita, su hija Kuma deberá unirse con Orinume, un joven cazador con dotes de líder.

En la columna de refugiados que se dirige al sur, en medio de esa huida desesperada y caótica por la supervivencia, aparecerá un profeta guerrero que traerá la estabilidad a un alto precio. El nuevo orden social, basado en castas y en la dominación de la mujer, será aceptado por una sociedad desestructurada que ante todo anhela seguridad.

Ese reino que está forjando el falso profeta comenzará a crecer mediante la esclavitud y la guerra amenazando con devorar a la naturaleza, las tribus libres y todo lo vivo y bello del mundo conocido. Kuma, Orinume, y su hermano Rigahe, un hosco jinete de dragón autoexiliado de la tribu, no podrán vivir ajenos por mucho tiempo al mal que les rodea, y decidirán luchar antes de que sea demasiado tarde.

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Guía para Dune – Elige tu propia aventura

Aquí tenéis qué hay que hacer para llegar a la parte final del juego, que nadie se quede atascado, ¿eh? ¡Disfrutadlo! y buscad el final autoritario y el antiautoritario del juego 🙂

(¡peligro, de aquí en adelante spoiler total!)

tuono-clam-2Nada más desembarcar de la nave, me echo a dormir y tengo un extraño sueño profético. Voy a visitar las cuevas fremen, pero antes hago una visita a Thufir Hawat, el Mentat de la familia, en la Sala de Comunicaciones. Thufir, tras hacerle unas preguntas, me aconseja buscar contrabandistas entre los fremen a los que poder comprar cosechadoras y alas de acarreo.

En Arrakeen – Timin encuentro a Gurney Hallek, que me aconseja preguntar por los destiltrajes. Contengo su impaciencia y volvemos a entrar en el sietch para convencerles de que se unan a la causa contra los Harkonen. El líder acepta gustoso (Gurney se lo ha trabajado), y toda su tribu comienza a extraer la valiosa especia para nosotros. Cojo el orni y vuelo hasta Arrakeen – Harg. Allí el líder se muestra dudoso pero tras pedirle a Gurney que le termine de convencer (usando inventario) tengo finalmente a toda la tribu extrayendo especia para la casa. Observo que tiene extraños objetos más propios de un comerciante espacial que de un fremen de las arenas, y tras preguntarle me indica dónde puedo encontrar a los contrabandistas. Una vez en el poblado clandestino consigo comprar las valiosas cosechadoras al intrigante contrabandista y salgo de allí un poco mosca tras escuchar extrañas historias sobre la leyenda de Muad Dib, el libertador de Dune. Una vez en Palacio oigo los mensajes del Emperador, cojo la quesera vacía en el gran salón de recepciones y voy a hablar con mi padre, el Duque Leto. Rechazo su idea de esclavizar a los fremen y me dirijo a las habitaciones de mi madre. Ella me explica que los fremen me toman por una especie de líder mesiánico libertador, ya que están siendo manipulados religiosamente por las Bene Hesserit desde hace generaciones. Me dice también que ha encontrado un jardín oculto dentro de palacio, seguramente una excentricidad de los antiguos ocupantes Harkonen. En el jardín respiro humedad ¡y vuelvo a estar rodeado de vegetación! Tras relajarme un poco en tan bello lugar, utilizo mi quesera para coger una de las rosas y poder conservarla húmeda, un tiempo al menos. Voy corriendo a entregarla al fremen de Arrakeen – Tuek. Al verla y escuchar mi promesa de convertir Dune en un vergel, cree firmemente que soy el elegido del que hablan las profecías, y me indica dónde puedo encontrar a Stilgar. ¡Mientras vuelo hacia Tuono Clan el Palacio es atacado! Toda la casa Atreides ha sido barrida, solo yo puedo vengar a la familia destruyendo al barón Harkonen y al traidor del Emperador. Pero ahora tengo problemas más acuciantes: mi orni ha sido derribado en medio del desierto y a mi alrededor solo hay filas y filas de dunas hasta el horizonte, y un sol abrasador sobre mi cabeza…

A partir de aquí no cuento más, que es el clímax del juego ¡juasjuasjuas! deberás salvar el universo tú solito

Puedes bajar el juego gratuitamente aquí

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[Documental] Las YPJ contadas por ellas mismas — Rojava Azadi Madrid

En 2012 se creaban las YPJ (Unidades de Protección de la Mujer-Yekîneyên Parastina Jîne) compuestas por unas 10.000 mujeres combatientes. La imagen de mujeres portando AK-47 impactó en el mundo, lo que impulsó el interés por la revolución antipatriarcal y de democracia comunalista y asamblearia que se estaba llevando a cabo en el Kurdistán Sirio, Rojava. Junto […]

a través de [Documental] Las YPJ contadas por ellas mismas — Rojava Azadi Madrid

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