Gran Visir Benamisir

momias-modernas

Relatillo originalmente publicado en tres partes en Sttorybox:

-¡Venga, por aquí! Los tres muchachos llegaron a la puerta que protegía las excavaciones.Fonsi se paró frente a ella y se giró mostrándoles triunfante el carnet de su padre, el arqueólogo jefe de la excavación.

-Seguro que nos pilla algún guardia- dijo Mohamed.

-¡Ay! Que cagado eres. No vengas si no quieres- la que habló fue Iris, la chica de clase por la que todos suspiraban.

-¡No tengo miedo! Es solo que si nos cogen nos va a caer una buena.

-No hay guardias de seguridad- dijo Fonsi,- para proteger está la puerta, y la puerta…

Acto seguido de manera teatral pasó la tarjeta por la ranura, luego marcó un número en el tablero, y sonó un breve pitido, acompañado de un clac. Fonsi les miró triunfante, Iris dio saltitos y palmadas de excitación y Mohamed intentó ocultar su miedo poniendo cara seria.

-Está bien- dijo Mohamed- al fin y al cabo si nos cogen tú nos abriste la puerta.

Detrás pasó Iris, mirando para todas las sombras. Allí dentro no había iluminación, pero pronto el foco de la linterna de Fonsi les fue marcando el rumbo.

Andando con cuidado llegaron a la boca del aljibe, y descendieron por las escaleras a la oscuridad de la bóveda. El sonido de las pisadas producía un ruido metálico siniestro al retumbar en la cúpula de piedra.
-¿Dónde vamos?- dijo Iris con voz asustada, cogida de la la mano de Fonsi.
-Esto es el aljibe, donde guardaban la reserva de agua, para resistir asedios, ¿comprendes?
-Éramos muy listos- dijo Mohamed.
-Tú lo has dicho, érais- dijo Fonsi contento de poder insultarle en condiciones.
Llegaron abajo y encontraron una cámara de televisión.
-¿Y eso?
-Lo tienen preparado para grabar mañana, van a mover la losa y nadie sabe qué habrá detrás, ¡mi papá saldrá en la tele y lo verá toda España!
-Bueno, ya hemos visto suficiente, vámonos, hace frío- dijo Iris que efectivamente tiritaba, aunque sólo ella sabía que no era de frío sino de miedo.

-¿Ahora que hemos llegado hasta aquí?- dijo Fonsi tirando de su mano, pero ella se soltó: no pensaba separarse de la fría pero protectora escalera metálica.
-¡Vamos! ¿Quién es ahora la cagada? ¿no ves que tenemos linterna?- le dijo Mohamed, y ella le siguió, cogiéndose ahora de su mano. Fonsi lo vio y por un segundo les miró con un odio infantil. Luego se dio la vuelta y sorteó las cuerdas de la excavación. Los tres llegaron al fondo, donde se encontraba la famosa losa.
-¿Y bien?- dijo Iris, sobrecogida por la vibración de su propia voz.
-Pues dicen que es una tumba, quizá esté llena de oro.
-Y quien querría enterrarse aquí, ¿debajo del agua?- dijo ella.
-Mañana lo veremos. ¿Has visto que sitio ha descubierto mi padre, Iris?
-Es una flipada-dijo ella mirando las altas paredes en tinieblas.
Los tres guardaron silencio unos instantes, sobrecogidos por la oscuridad y el silencio total del aljibe.
-¡Vamos a abrir la losa!- dijo de repente Mohamed.
-¿Estás loco?- dijo Fonsi asustado.

Pensaba que la aventura acababa allí, para él había sido todo un alarde llegar hasta este punto, quitando la tarjeta de la cartera de su padre. De hecho hubiera querido ir sólo con Iris, y quizá haberla besado allí mismo. Ahora el amigo acoplado de Iris se empeñaba en dejarle como un moñas.
-Vaya, ahora se ve quién es el cobarde- dijo Mohamed con desprecio.
Ella les miraba con atención.
-¡Pero que no podemos!- gritó Fonsi irritado- si mañana ven algo roto nos descubrirán.
-Tonterías, ahí tenemos tres palancas. Esto es una fina placa, podemos de sobra. Luego dejamos caer la plancha otra vez y ya está. Todo seguirá igual.
-No sé, nos van a coger- dijo Fonsi asustado.
-Vaya, al final vas a ser tú el gallina-dijo Iris.
-No digas tonterías, el cagado es éste. Venga vamos- dijo y dejó la linterna un poco más arriba, de manera que les enfocara.

Cogieron las palancas. Entre los tres las colocaron en uno de los lados y empujaron con todas sus fuerzas. Al principio costó un poco, parecía que no lo iban a conseguir. Pero cuando ya Fonsi iba a parar para anunciar aliviado que no podían, la losa se movió levemente y las puntas de las palancas entraron en una negra oscuridad de la que salió una ligera nube blanquecina, casi fantasmagórica a la luz de la linterna.
-¡Vamos, haced fuerza!- dijo Mohamed.
Los tres metieron sus dedos y tiraron de la plancha, que con esfuerzo se alzó. Se quedó así, estable en el aire, como si estuviera diseñada para quedarse medio abierta. Lo que encontraron abajo fue decepcionante, al menos para Fonsi, que había escuchado a su padre especular apasionado con decenas de posibilidades. Un simple mosaico con una inscripción en letras árabes.
-¿Vaya, que pondrá?- dijo Iris agachándose.
-Bajo la Mota, una losa- dijo Mohamed, que se había acuclillado también y enfocaba con la linterna las letras.
-¿Que dices??- dijo Fonsi.
-Lo que pone, yo leo árabe, ¿recuerdas?
-Te lo estás inventando- dijo Fonsi.
-¡Quieres callarte y dejarle seguir!- dijo Iris, que miraba como embrujada las enrevesadas letras.
-Bajo la Mota una losa, bajo la losa, una tumba, y bajo la tumba, YO ¡Gran Visir Bena Misir! Cuando leas estas palabras habrá llegado la hora de mi venida. Oíd el resquebrajar de la roca y perded toda esperanza.
Cayó el silencio entre los tres.
-¿Qué quiere decir?- dijo Iris mirando a Mohamed.
-Pues no sé, será una poesía antigua.
Pero Fonsi había escuchado la historia contada con pasión por su padre miles de veces. Era el momento de lucir su sabiduría frente a Iris.
-Escuchad, cuando en 1340 Alfonso XI asedió la ciudad, estaba desesperado porque los musulmanes no terminaban de rendirse. Sospechaba que quizá tenían un túnel por el que se abastecían de comida, y por eso no se rendían. Enfadado prometió demoler la fortaleza y no dejar piedra sobre piedra de la ciudad si tenía que tomarla a las armas. Por suerte finalmente sus habitantes se rindieron. Fue la población la que se rebeló contra sus jefes para salvar sus vidas. Pero el jefe de la fortaleza, seguramente el que está enterrado aquí, se negó a rendirse. Mi padre dice que una de las posibilidades es que se suicidara, o le mataran sus hombres, y que estuviera enterrado aquí.
-¿Y qué significa la inscripción?
-Quién sabe, quizá Ben Amisir creyó que si el rey Alfonso demolía su Alcázar, como había prometido hacer, encontraría su tumba, y por medio de algún poder mágico podría despertar a la vida y … quizá matarlo. Eso es lo que dice la poesía, ¿no?
En ese momento un fuerte temblor movió sus pies, tanto que tuvieron que posar las manos, en cuclillas como estaban, para no caerse. Los tres se miraron aterrorizados cuando empezó a sonar un terrible crujido, como si dos rocas gigantescas fueran restregadas una con la otra. El ruido fue tan fuerte a sus espaldas que los tres se giraron poniéndose de pie. Fonsi enfocó con la linterna una enorme nube que poco a poco fue tomando forma. Pero Mohamed golpeó con la palanca la losa y ésta cayó volviendo a encerrar la nube de polvo.
-¿Habéis visto lo que yo?- dijo Fonsi con voz asustada.
No hacía falta que hablaran, ni tampoco podían. Fonsi recordaba con terror cómo la nube de polvo había tomado la forma de un esqueleto envuelto en telas raídas, con un sable en la mano y dos puntos brillantes en las cuencas de los ojos.
De golpe Iris echó a correr, y los otros dos la siguieron. Subieron atropellándose los escalones metálicos y fuera no pararon de correr hasta abrir la puerta de la excavación y cerrarla. Allí resoplando juntaron sus cabezas.
-¡Vámonos de aquí!- chilló Iris.
-Mañana voy a ver la tele, seguro- dijo Mohamed en un intento de humor que nadie entendió.
-¡No lo entendéis!- gritó Fonsi- ¡Mañana cuando lo abran desatarán al fantasma! Mi padre no es Alfonso XI, pero quizá le mate. Hay que hacer algo.
Los otros dos le miraban sin decir nada, y el miedo era tal en sus rostros que Fonsi entendió que tenía que actuar solo. Pasó la tarjeta por el sensor y volvió a colarse en el castillo.

Diego se acercó asombrado a la losa. Allí reposaba un folio donde alguien había escrito:
“Mejor no lo habráis, ay un fantasma dormido deseando conkistar el mundo”
-¿Quién habrá sido?- dijo indignado el profesor que le acompañaba.
-Olvidémoslo, – dijo Diego, que reconocía la letra de su hijo.- Centrémonos en lo importante. Los periodistas ya están llegando.
-¿Pero cómo lo vamos a olvidar?- dijo el profesor indignado- a ver Paco- gritó al vigilante de seguridad.- Ponnos la grabación de la cámara que enfoca a la tumba, a ver qué pasó anoche.
-De veras no creo que sea necesario…-dijo Diego, pero todos parecían interesados en descubrir quién se había colado anoche para dejar tan estúpido mensaje. Cuando vieron cómo la nube de polvo se convertía en un muerto viviente, el asombro y las llamadas de los periodistas a sus centrales fueron inmediatas. Por desgracia nadie pensó por un momento en no abrir la tumba. ¿Cómo no descubrir por fin un verdadero caso de conexión con la muerte? ¿Cómo no iban a convocar a un fantasma, y probar su existencia por primera vez?

SIETE AÑOS DESPUÉS
Fonsi golpea con su martillo piedras, en la mina de sal, y a cada golpe sus cadenas tintinean recordándole que es un esclavo más del nuevo Sultanato Fantasmagórico. “Mira que lo dije”, repite incesantemente, pero el resto de humanos sometidos no le entienden.

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